Cuando la DANA sepultó Valencia en octubre de 2024, Procoex convirtió sus naves y su flota en un centro logístico solidario. Estas son las cinco lecciones que sacamos.
La log├¡stica de una cat├ístrofe no se parece a un plan de operaciones normal. Se parece m├ís a intentar montar una mudanza mientras alguien te va cambiando las direcciones cada dos horas. Cuando la DANA arras├│ Valencia el 29 de octubre de 2024, en Procoex tomamos una decisi├│n r├ípida: los camiones que sal├¡an al d├¡a siguiente no iban a llevar sof├ís. Iban a llevar agua, pa├▒ales, lej├¡a y ropa clasificada a los pueblos que se hab├¡an quedado bajo el barro. Esta es la historia de esos d├¡as ÔÇö y las cinco cosas que aprendimos.
No lo contamos entonces. Lo contamos ahora porque un cliente nos pregunt├│ por qu├®, si formaba parte de lo que somos, no aparec├¡a en nuestra web. La respuesta era obvia: porque no lo hab├¡amos escrito.
D├¡a 0: cuando la nave se convirti├│ en un almac├®n humanitario
El 30 de octubre a primera hora, en la nave de Loeches ya empezaban a acumularse pal├®s de agua embotellada, cajas de pa├▒ales adultos e infantiles, garrafas de lej├¡a y sacos de ropa que tra├¡an vecinos, empresas y colegios de Madrid. No hicieron falta reuniones: cuando todo el mundo entiende lo que hay que hacer, la coordinaci├│n aparece sola.
La operativa fue simple sobre el papel y compleja en la práctica: recibir, clasificar, cargar, salir. En 72 horas los mismos furgones que suelen mover viviendas de tres dormitorios estaban entrando en Alfafar, Paiporta, Sedaví o Massanassa con destino a puntos de reparto vecinal.
Lo que aprendimos
1. La clasificaci├│n es la ayuda. La cantidad, no.
El primer instinto de la gente es donar mucho. Es un impulso bueno, pero se convierte en un problema logístico enorme si nadie clasifica en origen. Un saco de ropa mezclada (talla, sexo, prenda) llega al pueblo y necesita horas de mano de obra para separarse. Ese saco ha entorpecido en vez de ayudar.
En la nave de Loeches, buena parte del trabajo consisti├│ en rotular cajas por prenda y por sexo: "ropa mujer / sudaderas / bufandas / pantalones / camisetas / abrigo mujer". Etiqueta clara y contenido limpio. Los pueblos afectados no tienen tiempo ni personas para reclasificar.
2. Un almac├®n con muelles y carretillas vale por cien coches particulares
La log├¡stica amateur no escala. Puedes movilizar a cien personas dispuestas a llenar el maletero de su coche, pero la capacidad total del sistema seguir├í siendo peque├▒a y muy dispersa. Un almac├®n con muelle de carga, carretillas elevadoras y personal formado multiplica esa capacidad por dos ├│rdenes de magnitud en tiempo real.
Un pal├® de agua envuelto en pl├ístico transparente pasa del suelo al cami├│n en 60 segundos con carretilla. Ese mismo pal├®, a mano, son ocho personas durante quince minutos. La diferencia es abismal cuando hay que llenar tres furgones por hora.
3. Los camiones vacíos no ayudan. Los camiones con material equivocado, tampoco.
Cuando salen camiones sin plan, colapsan las carreteras de acceso a los pueblos afectados y no descargan porque los puntos de reparto no dan abasto. Aprendimos r├ípido a coordinar antes de cargar: qu├® falta en cada zona ahora mismo, qu├® es lo que no hay que traer (donaciones in├║tiles que ya est├ín saturando), y qu├® canal de comunicaci├│n es el fiable (vecinos organizados sobre el terreno, m├ís que tel├®fonos oficiales colapsados).
4. La coordinaci├│n se improvisa, pero solo si hay infraestructura
Durante esos d├¡as la nave de Loeches recibi├│ personal del Ej├®rcito, voluntarios civiles y otras empresas del sector log├¡stico. Nadie ten├¡a un manual. La coordinaci├│n se improvis├│ sobre la marcha con dos herramientas primitivas: una lista de prioridades pegada en la pared que alguien iba actualizando, y una regla no escrita ("el cami├│n sale cuando est├í lleno").
Aquello funcion├│ porque encima hab├¡a infraestructura: muelles, pal├®s, carretillas, transpaletas, personal formado y camiones con plataforma. Sin eso, cualquier "voluntad" se queda en gesto.
5. Los últimos 100 metros son los más difíciles
Un cami├│n de gran tonelaje no entra en una calle con barro hasta las rodillas. Muchas entregas se hicieron a mano, garrafa a garrafa, subiendo por escaleras porque los ascensores no funcionaban. La log├¡stica no acaba cuando el cami├│n llega al pueblo. Acaba cuando el agua est├í en la cocina de la persona que la necesita. Ese ├║ltimo tramo requiere gente andando, y esa gente tambi├®n hay que llevarla.
Detrás de las fotos: el equipo humano
De todo esto casi no se habló públicamente. Pero pasó, y pasó porque decenas de personas de Procoex se sumaron sin preguntar cuánto se les iba a pagar por esas horas. Muchos venían con sus familias los fines de semana a ayudar a clasificar en la nave. No se puede montar un dispositivo así con un memo interno: se monta con gente que decide sumarse.
Por qu├® nos importa contarlo ahora
Contar esto no es marketing. Es responsabilidad hacia el equipo que estuvo esos días y hacia los clientes que nos pagan porque valoran cómo trabajamos. Si en tu casa o en tu empresa contratamos una mudanza, la logística que aplicamos allí es la misma que aplicamos a mover una casa de tres habitaciones. Los mismos camiones, la misma cabeza, el mismo equipo.
Y si vuelve a pasar ÔÇö la pr├│xima DANA, el pr├│ximo incendio, el pr├│ximo terremoto ÔÇö estaremos donde podamos. No prometemos milagros. Prometemos lo que podamos mover.
ÔåÆ Ver el reportaje visual de nuestra actuaci├│n durante la DANA de Valencia
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